La ciencia que estudia al hombre

ANTROPOLOGÍA

Doctrina del Hombre

La Biblia nos enseña la existencia de dos órdenes de seres inteligentes: los ángeles y los hombres. Pasaremos ahora a estudiar la doctrina del hombre. Tenemos que conocernos a nosotros mismos para poder apreciar la obra de Dios al crearnos, para amar la vida que El nos da y para poder cumplir con nuestra misión en la tierra.

INTRODUCCIÓN :

Que es el hombre ?

El Salmista David en Salmos 8:4 pregunta “Que es el hombre…?”. Respuestas a la pregunta aparecieron por doquier, entre ellas, la de Blas Pascal: “El hombre es la gloria y la vergüenza del universo”. Mejor tratemos de encontrar respuestas en la Biblia:

  1. UN SER UNICO

Según Salmos 8:5,6 su posición es diferente de cualquier otra criatura: 1) poco menor que los ángeles y 2) superior al resto de la creación. Por tanto, es pecado que el hombre intente ponerse a sí mismo en el lugar de Dios, pero también que se ponga en el lugar que corresponde a los animales.

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  1. CREADO PARA TENER COMPAÑERISMO.

“No es bueno que esté solo” dijo Dios (Gen. 2:18). El hombre fue creado para vivir en comunidad y en comunión con Dios.

  • CON DIOS: Fue creado a imagen de Dios (Gen 1:27) y por lo tanto capacitado para tener comunión con Él. Si el hombre PUEDE tener comunión con Dios, entonces DEBE tenerla. (Rom. 3:10).
  • CON OTRAS PERSONAS: “Amarás a Dios… y a tu prójimo…” nos ha dejado dicho el Señor (Mat. 22:34-40), sin embargo el hombre se ha levantado con odio contra el mismo hombre (Gen. 4:1-8). Hay un llamado a que tengamos “comunión unos con otros” en I Jn. 1:3.

III. VALIOSO PARA DIOS

De todo lo creado, Dios escogió al hombre para darle su imagen divina. ¿Le parece poco?. Y no se cansa de señalar lo valioso que considera al hombre: Mat. 6:26; Mat. 12:12; Salm. 8:5,6. Y fue por el hombre que Dios hecho como uno de nosotros se humilló hasta la muerte de cruz. Siendo esa la valoración que Dios tiene del hombre, no es extraño que mande expresamente “No matarás” (Ex. 20:13), mandamiento que en el Nuevo Testamento se amplía, para considerar culpable a “cualquiera que se enoje contra su hermano” (Mat. 5:21-22).

  1. MAS QUE UN CUERPO FISICO

Alguien dijo que “el hombre es un alma viviente, la unidad del cuerpo y del espíritu”. Dios hizo al hombre no solo con un cuerpo físico, sino también con un alma (Mat. 10:28, Mat. 16:26, Lc. 9:25). Somos seres que trascenderemos a la tumba donde quedará el cuerpo, mas “…el espíritu vuelve a Dios” (Ecl. 12:7).

  1. REBELDE

¡Desde el Huerto! (Rom 3:23). Somos responsables por lo que hacemos y por tanto tendremos que dar cuenta de nuestros actos (Mat. 7:20-23). Esto determina que el hombre necesita arrepentirse y acercarse con fe al Salvador. De este tema hablaremos en un tema específico.

 

  1. La Creación del Hombre.
  2. El Hombre. ¿Evolucionado o creado?

Las dos maneras más comunes para explicar el origen del hombre son éstas:

  1. El hombre existe por la evolución de especies inferiores siendo en su forma actual un animal superior.
  2. El hombre existe porque fue creado por Dios tal como la Biblia lo enseña. (Gén. 1:26-27, 2:7, 21-22)

No hay que pensar que la teoría de la evolución es la explicación de la ciencia y la creación la explicación de la religión. La evolución no es una ciencia, es solamente una hipótesis. (Hipótesis es una idea que no ha sido comprobada.)

Los evolucionistas hasta la fecha nada han podido probar. Por otra parte, la teoría es rechazada por muchos científicos serios. Veamos algunos testimonios:

Dice el Dr. Coppens: “Hay un lugar impasable entre el bruto y el hombre, entre la forma más elevada del animal y la forma más baja de la vida humana.”

El Dr. Etheridge, inspector del Museo Británico dijo: “En todo este gran museo no hay un átomo de evidencia de la transmutación de las especies. Este museo está lleno de pruebas de la falsedad de esas ideas.”

Lord Kelvin, hombre de forma en el mundo científico dijo: “La ciencia física nada tiene que decir en contra del origen del mundo tal como se nos describe en el Génesis.”

De acuerdo con lo dicho establecemos la siguiente afirmación en relación con el origen del hombre:

EL HOMBRE FUE CREADO POR UN ACTO ESPECIAL DE LA VOLUNTAD Y EL PODER DE DIOS.

Nótese que el relato de la creación del hombre dado en Génesis es confirmado como histórico y verdadero por el Nuevo Testamento. (Mat. 19:4, I Cir, 15L45-49)

  1. El Propósito de la Creación del Hombre.

Cuando estudiamos la sabiduría de Dios, dijimos que Dios tiene un propósito en cada cosa; así es que al crear al hombre ha de haber tenido un propósito: ¿cuál sería? A juzgar por lo que Dios exige o reclama del hombre, el propósito principal era tener en la tierra un orden distinto de seres inteligentes y libres que le adorasen y le sirvieran como los ángeles lo hacían en el cielo. Dios, como en todas Sus obras, buscaba Su gloria. (Deut. 32:15-18, Ecl. 12:1-3, Rom. 1:25). De manera que el hombre ha sido creado par ala gloria de Dios y no para su propia gloria. El reino de Dios y Su justicia debe ser su mayor preocupación, esperando que las demás cosas han de ser añadidas. Hoy el propósito de Dios se cumple en los creyentes que sinceramente le entregan sus vidas y viven para El. Es tan cierto esto que el hombre no se siente feliz hasta descubrir esta verdad y decidir a cumplir en su vida el propósito inicial de su creación. No hasta ser correcto en la vida, la meta es vivir para Aquel que nos creó.

  1. El primer Estado del Hombre.

¿Cómo salió el hombre de las manos de su Hacedor?

Nos dice la Biblia que Dios, al terminar la obra de la creación hizo una especie de examen de lo creado y su veredicto fue: “y he aquí que (todo) es bueno en gran manera”. En cuanto al hombre se refiere, no solamente era bueno, era santo, recto, puro, inocente. No había en él sombra de pecado, pues es inconcebible que Dios creara una cosa contraria a Su carácter. Además, el modelo para la creación del hombre (la creación de su constitución espiritual) era el mismo Dios. (conforme a nuestra semejanza). Así es que el estado original del hombre era de absoluta inocencia. Ese tratado no duró mucho. Pues, Satanás introdujo, en una edad aparentemente temprana, el pecado. (Gén. 3). De acuerdo con la Biblia, por Adán entró el pecado a la raza humana pero por Cristo entro la gracia, la cual nos puede restablecer la santidad perdida; (Rom. 5:10-19, Ef. 4:24) si lo aceptamos como nuestro Salvador.

  1. La Naturaleza del Hombre.
  2. El Hombre.

Hecho a imagen y semejanza de Dios. Las palabras imagen y semejanza significan una misma cosa. Como Dios no tiene cuerpo, tenemos que entender que aquí se habla de semejanza espiritual, de carácter, de personalidad. Esa semejanza aparece en la constitución espiritual. ¿Y qué entendemos por esa semejanza o imagen? Sencillamente que el hombre es dotado de una personalidad como la de Dios y con los mismos atributos naturales y morales pero en forma infinita, limitada. Esos atributos en el hombre son característicos pero en Dios son perfecciones.

  1. Personalidad.

Afirmamos al hablar de la naturaleza de Dios: que Dios tiene personalidad, que la personalidad radica en el espíritu y no en el cuerpo, y que sus elementos constitutivos son: intelecto, sentimiento y voluntad. Observando las distintas manifestaciones del hombre nos damos cuenta que tiene los tres elementos que forman la personalidad. Esa personalidad radica en su parte espiritual, no en su cuerpo. Plugo a Dios hacer al hombre distinto a todos los animales “concediéndole ese don misterioso de la personalidad que trae consigo no sólo la capacidad mental sino la capacidad moral, el verdadero libre albedrío y la completa individualidad; de tal manera que el hombre en su esfera, llega a ser una verdadera causa dirigente de sí mismo, como lo es Dios en su propia esfera”.

  1. Libre Albedrío.

El libre albedrío es la libertad que Dios dejó a la voluntad del hombre para elegir. El hombre no es una máquina manejada por Dios es un ser libre para hacer lo que quiere. Algunos echan la responsabilidad del pecado a la “mala suerte” o al “destino” pero ninguno es culpable sino el hombre mismo, pues cada individuo tiene la facultad de elegir (libre albedrío) entre el bien y el mal. Precisamente, por ese libre albedrío que Dios nos ha dado es que somos responsables de nuestros hechos. (Rom. 14:12) Dios, reconociendo esa libertad, no nos obliga a hacer Su voluntad sino que nos invita y nos ruega. (Isa. 55:1, Rom. 12:1)

  1. El Hombre – Bipartita o tripartita.

Las dos teorías generales acerca de la constitución del hombre son:

  1. Que el hombre está compuesto de dos partes – parte física y parte espiritual, (Es la teoría bipartita).
  2. Que el hombre está compuesto de tres partes – cuerpo, alma y espíritu (Esta es la teoría tripartita).

En cuanto a la parte física (cuerpo) las dos teorías están de acuerdo; donde difieren es en la parte espiritual: el bipartita dice que la parte espiritual es una llamándose alma o espíritu, mientras que el tripartita dice que son dos cosas distintas – alma y espíritu. Pues, parece que la Biblia enseña la teoría tripartita y lo creen los fundamentalistas. (Gén. 2:7, I Tes. 5:23, Heb. 4:12).

 

  1. Su caída

El problema de cómo el pecado entró en el universo es un asunto en el cual cada sistema encuentra obstáculos. Sin embargo, solamente la Biblia provee una explicación razonable. Como fue visto en el estudio previo de los ángeles, el pecado entró primeramente en el universo en la rebelión de algunos de los santos ángeles guiados por Satanás, lo cual ocurrió bastante antes de que el hombre fuera creado. Los primeros capítulos del Génesis registran la caída en el pecado por Adán y Eva. Las varias interpretaciones de este hecho nos llevan a considerarlo un evento literal que explica la pecaminosidad de la raza humana o al intento de explicarlo como algo no histórico o como un mito. La interpretación ortodoxa, sin embargo, es que el acontecimiento tuvo lugar exactamente como se registra en la Escritura, y ésta es la manera en que se relata en el resto de la Biblia.

La caída del hombre en pecado puede considerarse desde tres aspectos: 1) Adán antes de la caída, 2) Adán después de la caída, y 3) el efecto de la caída de Adán sobre la raza humana.

  1. Adán antes de la caída.

En palabras de peculiar sencillez, la Biblia introduce en la historia al primer hombre y a la mujer que le fue dada por compañera. Estos dos seres fueron unidos como «una sola carne», y según el concepto divino esto es lo que constituye la verdadera unidad. Aunque tanto el hombre como la mujer pecaron y cayeron, la Biblia se refiere a este fracaso mutuo como a la caída del hombre.

No es posible hacer cálculos en cuanto a la extensión del período durante el cual Adán y Eva permanecieron en su condición original; sin embargo, es evidente que fue un tiempo suficiente como para que pudieran acostumbrarse a la situación en que habían sido colocados, para observar con cuidado y darle nombre a las criaturas vivientes y experimentar la comunión con Dios. Semejante a todas las obras de Dios, el hombre fue creado «bueno en gran manera» (Gn. 1:31), que significa que él era agradable al Creador. Esto implica más que Adán era inocente, siendo este último término de carácter negativo y sugiriendo simplemente que el primer hombre no había cometido pecado. La santidad, que es el principal atributo de Dios, es un término positivo e indica que El es incapaz de pecar.

El hombre, dado que fue hecho a la imagen de Dios, tenía una personalidad completa y la capacidad moral de tomar decisiones. En contraste con Dios quien no puede pecar, tanto los hombres como los ángeles podían pecar. Como fue visto en el estudio anterior sobre los ángeles, Satanás pecó (Is. 14: 12-14; Ez. 28:15), y tras él fueron otros ángeles, de quienes se ha escrito que «no guardaron su original estado (Jud. 6, V.M.). Debido al hecho de que Satanás y los ángeles caídos pecaron primero, el hombre no originó el pecado, pero se convirtió en un pecador debido a la influencia satánica (Gn. 3:4-7).

El relato de cómo pecaron Adán y Eva está revelado en Génesis 3:1-6. De acuerdo a esto, Satanás apareció en la forma de una serpiente, una criatura la cual en ese tiempo era un animal muy hermoso y atractivo. Como lo registra la Biblia, Dios había dado a Adán y Eva una prohibición: ellos no deberían comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. De acuerdo a Génesis 2: 17, Dios dijo: «Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.» Esta prohibición relativamente simple era una prueba para ver si Adán y Eva obedecerían a Dios.

En su conversación con Eva, Satanás introdujo esta prohibición diciéndole a Eva: «¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?» (Gn. 3:1). Lo que quiso implicar era que Dios estaba escondiendo algo que era bueno y que El estaba siendo muy severo innecesariamente en su prohibición. Eva le contestó a la serpiente: «Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis» (Gn. 3: 2-3).

En su respuesta Eva cayó en la trampa de Satanás al dejar fuera la palabra «libremente» en el permiso de Dios de comer de los árboles del huerto, y también ella dejó fuera la palabra «seguramente» en la advertencia de Dios. La tendencia natural del hombre de minimizar la bondad de Dios y de magnificar su severidad son, desde entonces, características familiares de la experiencia humana. Satanás inmediatamente se aferró de la omisión de la palabra «seguramente» en cuanto al castigo y le dijo a la mujer: «No moriréis: sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal» (Gn. 3:4-5).

En su conversación con la mujer, Satanás se revela como el engañador. La seguridad del castigo se desafía directamente y se niega así expresamente la Palabra de Dios.

El hecho de que comiendo del fruto sus ojos serían abiertos al conocimiento del bien y del mal era verdad, pero lo que Satanás no reveló fue que ellos tendrían el poder de conocer el bien y el mal sin el poder de hacer el bien.

De acuerdo a Génesis 3:6, la caída de Adán y Eva en el pecado está registrada así: «y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.» Si Satanás le sugirió esto a la mujer o si ella llegó a estas conclusiones por sí misma no lo dice la Escritura.

Sin embargo, se nota aquí el modelo familiar de la tentación en tres líneas indicadas en 1 Juan 2:16: el hecho de que el fruto era bueno para comer apeló a la «concupiscencia de la carne»; el hecho de que era «agradable a los ojos» apeló a la «concupiscencia de los ojos»; y el poder del fruto del árbol de hacerlos sabios apeló a la «vanagloria de la vida». Un ejemplo similar de tentación fue seguido por Satanás en la tentación de Cristo (Mt. 4:1-11; Mr. 1:12-13; Lc. 4:1-13).

Eva fue engañada en tomar del fruto, y Adán siguió su ejemplo aunque él no fue engañado (1 Ti. 2:14).

  1. Adán después de la caída.

Cuando Adán y Eva pecaron perdieron su bendito estado en el cual ambos habían sido creados y vinieron a ser objeto de varios cambios trascendentales.

  1. El hombre cayó bajo el dominio de la muerte espiritual y física. Dios había dicho: «Porque el día que de él comieres, ciertamente morirás» (Gn. 2:17); y esta divina sentencia se cumplió. Adán y Eva sufrieron inmediatamente la muerte espiritual, que significa separación de Dios. Y a su debido tiempo sufrieron también el castigo de la muerte física, que significa el acto por el cual el alma se separa del cuerpo.
  2. El juicio de Dios también cayó sobre Satanás, y la serpiente fue condenada a arrastrarse en el suelo (Gn. 3:14) La lucha entre Dios y Satanás se describe en Génesis 3:15 en lo que se relaciona con la raza humana, y Dios dice: ¡; «y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.» Esto se refiere al conflicto entre Cristo y Satanás, en el cual Cristo murió en la cruz, pero no pudo ser retenido por la muerte, como se anticipó en la expresión «Tú le herirás en el calcañar».

Sin embargo, la última derrota de Satanás está indicada en el hecho de que la simiente de la mujer le «herirá en la cabeza», esto es, infringirle una herida mortal y permanente. La simiente de la mujer se refiere a Jesucristo, quien en su muerte y resurrección conquistó y venció a Satanás.

  1. Un juicio especial también cayó sobre Eva, la cual experimentaría dolor al dar a luz sus hijos y se debería de someter a su esposo (Gn. 3:16). El hecho de que se produciría la muerte haría necesario que se produjeran múltiples nacimientos.
  2. Una maldición especial cayó sobre Adán, al cual le fue asignada la dura labor de trabajar la tierra, ahora maldita con espinos y cardos, para obtener la comida necesaria para su continua existencia. De acuerdo con esto, la misma creación sería cambiada por el pecado del hombre (Ro. 8:22).

Más adelante la Escritura indica cómo los efectos del pecado serían parcialmente aliviados por medio de la salvación en el caso del hombre y por un levantamiento parcial de la maldición en el futuro reino milenial. Adán y Eva, sin embargo, después de la caída fueron conducidos fuera del huerto y comenzaron a experimentar el dolor y la lucha que han caracterizado a la raza humana desde entonces.

  1. El efecto de la caída de Adán sobre todo el género humano.

El efecto inmediato del pecado sobre Adán y Eva fue que éstos murieron espiritualmente y llegaron a estar sujetos a la muerte espiritual. Su naturaleza se depravó y, por tanto, la raza humana experimentaría la esclavitud del pecado. Además del cambio de la suerte del hombre y su ambiente, la Biblia también revela una profunda doctrina de imputación, que pone de relieve la verdad que Dios ahora acusó a Adán con pecado y, como resultado, acusó a sus descendientes con la responsabilidad del primer pecado de Adán.

Las Escrituras mencionan tres grandes imputaciones: 1) El pecado de Adán es imputado a su posteridad (Ro. 5: 12-14) ; 2) el pecado del hombre es imputado a Cristo (2 Co. 5: 21) ; y 3) la justicia de Dios imputada a los que creen en Cristo (Gn. 15:6; Sal. 32:2; Ro. 3:22; 4:3,8,21-25; 2 Co. 5:21; Flm. 17-18).

Es obvio que se efectuó un traspaso de carácter judicial del pecado del hombre a Cristo, quien llevó sobre su cuerpo en el madero el pecado del género humano. «Mas Jehová cargó en El el pecado de todos nosotros» (Is. 53:5; Jn. 1:29; 1 P. 2: 24; 3: 18). De igual manera hay un traspaso de carácter judicial de la justicia de Dios al creyente (2 Co. 5:21), puesto que no podía haber otro fundamento de justificación o aceptación delante de Dios. Esta imputación pertenece a la nueva relación espiritual que el creyente disfruta con Dios en la esfera de la nueva creación.

Estando unidos al Señor por el bautismo del Espíritu (1 Co. 6:17; 12:13; 2 Co. 5:17; Gá. 3:27), y vital mente relacionados con Cristo como un miembro de su cuerpo (Ef. 5:30), se sigue que cada virtud de Cristo es comunicada a los que han llegado a ser una parte orgánica de El. El creyente está «en Cristo» y, por consiguiente, participa de todo lo que Cristo es.

Así, también los hechos de la antigua creación son traspasados de manera real a aquellos que por generación natural están «en Adán». Ellos poseen la misma naturaleza de Adán, y se dice, además, que ellos han pecado en él. Esto es un hecho tan real que llega a ser en sí mismo la base suficiente del juicio divino decretado en contra del pecado; al igual que la imputación de la justicia de Dios en Cristo es el fundamento satisfactorio para la justificación. Y el resultado es el juicio de Dios sobre todos los hombres, ya sea que. ellos hayan pecado o no según la trasgresión de Adán. A pesar de que los hombres sostengan, como generalmente lo hacen, que ellos no son responsables del pecado de Adán, la revelación divina afirma que, debido a los efectos trascendentales de la relación representativa que todos los seres humanos tienen con Adán, el pecado original del primer hombre es inmediata y directamente imputado a todos los miembros de la raza, con la invariable sentencia de muerte descansando sobre todos ellos (Ro. 5:12-14). De igual manera, el pecado original de Adán es transmitido en la forma de naturaleza pecaminosa indirectamente, o sea, por herencia, de padre a hijo, a través de todas las generaciones. El efecto de la caída es universal; así también lo es la oferta de la divina gracia.

La caída de los hombres no se efectúa cuando cometen su primer pecado; ellos han nacido ya en pecado, como criaturas caídas, procedentes de Adán. Los hombres no se convierten en pecadores por medio de la práctica del pecado, sino que ellos pecan debido a que por naturaleza son pecadores. Ningún niño necesita que se le enseñe a pecar, pero cada niño tiene que ser estimulado a realizar el bien.

Debe observarse que, no obstante que la caída de Adán pesa sobre toda la Humanidad, es evidente que hay una provisión divina para los infantes y para todos aquellos que no tienen responsabilidad moral.

Los santos juicios de Dios tienen que caer sobre todos los pecadores no redimidos: 1) por causa del pecado imputado; 2) por causa de la naturaleza pecaminosa que todos han heredado; 3) por causa de que todos están bajo pecado; y 4) por causa de sus propios pecados.

Si bien es cierto que estos juicios divinos no pueden atenuarse, el pecador puede escapar de ellos por medio de Cristo. Estas son las buenas nuevas del Evangelio.

La pena que descansa sobre la antigua creación es: 1) muerte física, por la cual el alma se separa del cuerpo; 2) muerte espiritual, la cual, semejante a la de Adán, es el estado presente de los perdidos y la separación entre el alma y Dios (Ef. 2:1; 4:18-19); y 3) la segunda muerte, o sea, la eterna separación entre el alma y Dios y la expulsión de los perdidos de la presencia de El para siempre (Ap. 2:11; 20:6,14; 21:8).

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