La Salvación ¿Qué tengo que hacer para ser salvo?

Autor: Arnulfo De los Santo Ruiz

La Salvación

salvacion-jesus-obedienciaHoy quizás muchos se han preguntado ¿Qué es la salvación? ¿Qué tengo que hacer para ser salvo? Puesto que todos anhelamos la salvación, por eso es una pregunta meramente valida, la Biblia también menciona sucesos en los que se realizó esta pregunta, (Hechos 16:31) el carcelero de Filipo realizo esta misma pregunta buscando la respuesta.

¿Qué es la salvación?

La idea básica del término “salvación” es rescatar y preservar de un peligro inminente, implica dar salud y seguridad. En su sentido más profundo, sin embargo, es un término cuyo significado está limitado cada vez más a la expresión del milagro divino de la emancipación espiritual del hombre del dominio y culpa del pecado y la muerte, y una vida de eterna comunión renovada con Dios. En las Sagradas Escrituras el tema se desarrolla desde el concepto puramente físico, hasta el plano moral y espiritual. Es la liberación del peligro, la ruina, destrucción o pecado. [1]

¿Pero a quien hay que rescatar y de que peligro? Bien ya nos hemos dado cuenta de la verdad, que es inminente de que estamos en pecado, porque el hombre, el que fue creado a imagen de Dios cayo en pecado, el hombre se rebeló; y así entró la muerte al mundo. Por lo tanto hay que librar al hombre de la ruina total del pecado y rescatarlo de la muerte eterna. [2]

Aunque ya hemos dado un vistazo al concepto de la salvación, este no tiene el mismo significado en toda la Biblia, por ejemplo: en el Nuevo Testamento la palabra salvación denota liberación material y temporal de peligros, y aprehensión nacional o personal.[3]

En cuanto a la futura liberación de los creyentes en la “parusía” la 2da venida de Cristo por sus santos, la salvación, es el objeto de su confiada esperanza, y donde se les asegura la misma, siendo la liberación de la ira de Dios destinada a ser ejecutada sobre los impíos al final de esta era.[4]

El que no nace de nuevo no puede obtener la salvación, Jesús mismo le dio esta respuesta a Nicodemo (Juan 3:1,3). El encontrar la seguridad de la salvación y la protección divina nos ajusta a una conducta ética cristiana al que nace de arriba y ha adquirido la vocación celeste. Ese nacer de arriba que nos explica también Juan 3, y que nos complementan otros textos no es inocuo. Nos introduce obligatoriamente en un comportamiento y en una actitud acorde a la ideología del Reino de Dios que nos confirma en nuestra permanencia, nuestra libertad y salvación (Jn. 8:31, 32).[5]

Como ya hemos podido ver la salvación nos lleva Jesucristo, el Salvador, ha sido enviado por Dios con el propósito de redimir al ser humano y restaurar en él la relación rota por el pecado. En consecuencia, es tanto una liberación integral de todo el ser humano del pecado, la esclavitud, la alienación y la opresión, como la promoción humana integral.[6]

Elena de White declara que a fin de apreciar plenamente el valor de la salvación, es necesario comprender cuál ha sido su costo. Como consecuencia de las ideas limitadas referentes a los sufrimientos de Cristo, muchos estiman en poco la gran obra de la expiación. El glorioso plan proyectado para la salvación del hombre se puso por obra mediante el amor infinito de Dios Padre. En este plan divino se ve la manifestación más admirable del amor de Dios hacia la especie caída.[7]

¿Cómo puedo obtener la salvación?

Hay que tomar en cuenta, que hablar de salvación, lo primero que debemos comprender es que la misma nunca comienza por la iniciativa humana, Dios es quien se acerca a nosotros para darnos una oportunidad más, es Dios quien busca primero al hombre porque tiene un marcado interés en que sea salvo. En el principio Dios creó al hombre para que fuera un ser libre de dolor y pecado; pero fue justamente el hombre quien le falla a Dios y desobedece su ley de amor. No había nada que Adán y Eva pudieran hacer para eliminar la entrada del pecado en la tierra o para restablecer el daño que habían ocasionado. Dios es quien da el primer paso y decide entregar a su hijo para salvar a la raza humana caída.[8] Es evidente con nuestro propio esfuerzo no podemos ganar la salvación es necesario la sangre de Cristo para merecerla pero esta no actúa por si sola primero tiene que creer. En Rom.6:23 Pablo es claro cuando declara lo siguiente: la paga del pecado es la muerte, pero Dios nos ofrece vida eterna en Cristo Jesús”.

Entonces, ¿cómo puede el hombre alcanzar la salvación, o será un don que solo se lo concede a pocos? Todos podemos ser salvos, no somos predestinados ni unos para salvarse y otros para perderse, de hecho la mayoría de los autores rechazan la predestinación pues esta va en contra de los parámetros bíblicos.[9]

salvacionEl plan de redención y la muerte de Cristo, fueron suficientes para justificar a cada pecador Según Tito3:4, 5 Dios en su inmensa bondad para con los hombres los salvó, no por las obras que ellos hubiesen hecho, sino por su gran misericordia y por la renovación de cada ser en el Espíritu Santo. Así que nuestra fe y nuestras obras sin Cristo no tienen méritos para la salvación, lo que te quiero decir es que sin Cristo no logramos nada.[10]

Lo único que el hombre debe hacer es aceptar el regalo que Dios le dio a través de la cruz. Cristo hace la diferencia entre los salvados y los perdidos. Cuando el habita en el corazón del que lo acepta, automáticamente limpia sus pecados, lo justifica ante el Padre, y le otorga, mediante su fe en Él la salvación. La respuesta es personal, nadie puede decidir la salvación de otro; sino que cada quien debe responder positivamente la provisión divina y andar por el camino provisto por el Padre que conduce a la vida eterna: Cristo.[11]

¿Cómo puedo estar seguro de la salvación?

La Biblia presenta a un grupo de líderes que vivían seguros de tener la salvación: los fariseos. Ellos confiaban en que ganaban el boleto al cielo a través de sus propias obras de justicia realizadas. Cristo no tenía nada que ver en el asunto; ellos eran los protagonistas de su destino; creían que sus méritos y estatus religioso y social, daban a Dios razones suficientes para regalarles la salvación.[12]

En la historia del cristianismo aparece un hombre que intentando ganar el favor de Dios a través de sus obras perdió la paz interior y cayó en un estado de continua preocupación por el juicio divino sobre su pecadora alma. Más tarde, Martín Lutero comprendió a través de las escrituras que no hay nada que el ser humano pueda hacer para asegurar su salvación. Entonces, ¿cómo podemos estar confiados de que ya somos salvos, o será la vida del cristiano una constante incertidumbre sobre cuál será su fin? [13]

La Biblia muestra que es solo Cristo quien puede justificar al pecador y entregarle la seguridad de que ha sido aceptado ante Dios y de que sus pecados han sido perdonados: y el justo por su fe vivirá (Gal. 3:11). No importa cuán pecaminosa haya sido nuestra vida pasada, Dios perdona todos nuestros pecados y ya no nos hallamos bajo la condenación y maldición de la ley. La redención se ha vuelto una realidad: “En el Amado… Tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Efe. 1:6, 7). “El hecho de que el Salvador venció al mundo garantiza nuestra liberación de la esclavitud del pecado y nuestra seguridad de que ya somos salvos en Jesucristo (Juan 16:33)”.[14]

La salvación concepción en las cartas paulinas

La salvación en las cartas paulinas principalmente, se discute desde la perspectiva de la fe y las obras como a continuación lo mostraremos. Presenta que la justificación es por gracia, y si es por gracia entonces es sin las obras, porque si fuera por las obras entonces ya no sería por gracia (Romanos 11:6). Efesios 2:8 y 9, lo presenta bien claro; dice que somos salvos por gracia, por medio de la fe.[15]

Gálatas 2:16, desarrolla este punto un poco más. Aclaro, no se está dando por sentado de que solo por la fe somos salvos. En gálatas la fe que nos salva, no es algo inherente, sino que proviene de Dios. Dice: el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo… Por tanto es la fe de Jesucristo la que Dios deposita en mí para que crea en su justicia y entonces ser justificado para salvación por esa justicia, y no por las obras de la ley, porque por estas nadie es justificado, ya que solo es el resultado de haber aceptado la justicia de Cristo.[16]

Pablo expresa de que el hombre es justificado por la fe sin las obras de la ley” (Romanos 3:28). Ya que por medio de la ley solo se llega al conocimiento del pecado (Romanos 3:20), pero es la fe en el cordero de Dios quien en su misericordia le imputa su justicia al pecador y este por los méritos de Cristo alcanza la salvación. Hasta aquí hemos podido como podemos obtener la salvación desde el punto de vista de la fe, ¿y qué hay de las obras?

Santiago el Apóstol pregunta: ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe y no tiene obras? e inmediatamente hace otra pregunta ¿podrá la fe salvarle? (Santiago 2:14). Ahora yo pregunto ¿Cómo puede alguien decir soy salvo, la gracia de Cristo habita en mí, y cuando ve a un hermano en necesidad solo le dice hermano confía en Dios el suplirá todo cuanto os falte de acuerdo a sus riquezas en gloria en cristo Jesús, y no obra en ayudarle, teniendo los recursos para hacerlo? [17]

¿Si las obras no fueran necesarias porque la biblia exhorta a hacer buenas obras? (1 Timoteo 2:10; 5:10; 6:18; tito 2:7) y no solo exhorta a hacer buenas obras, sino que también dice que las obras, buenas o malas serán motivo de Juicio (mateo 16:27, Apocalipsis 2:23; 20:12,13). Por tanto la biblia deja bien claro que aunque las obras no salvan, no se puede ser salvo sin ellas.

Tito 2:11-14 dice que la gracia de Dios se manifestó para salvación a todos los hombres, enseñando que renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos y viviendo en este mundo sobria, justa y piadosamente, mientras se aguarda la bienaventurada esperanza y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y del señor Jesucristo, quien se dio a sí mismo, por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para si un pueblo propio, celoso de buenas obras, agrega que debemos ocuparnos en buenas obras. (Tito 3:8).[18]

Como ya hemos vista Santiago muestra que las obras son necesaria para salvación. No estamos dando por sentado de que solo se obtiene salvación por obras. Al estudiar las cartas paulinas podemos ver que todas se complementa y es impórtate estudiar la salvación desde una perspectiva amplia.

Elena White escribe: “muchos dicen hoy: cree, solamente cree, y vivirás” y agrega: “la fe y las obras van juntas. El creer y el hacer se entremezclan”. Las cartas paulinas hablan mucho de fe pero también hablan mucho de obras. Tratando de ser lo más simple posible, podría decirle que: la fe como las obras van unidas es una fusión, pero tienen que estar cubiertas de los méritos de Cristo, sin cristo estas no tienen valides alguna. Cristo es el manto de justicia que no da el acceso a la salvación.

¿Qué tengo que hacer para ser salvo? 

El carcelero de Filipo.

La verdad es que no se necesita una respuesta tan amplia para responder esta pregunta, tan solo una ilustración de la vida de algún personaje de la Biblia que haya sido afectado con la gracia de Cristo. El carcelero de Filipo (Hechos 16:30) es un ejemplo claro para esta respuesta.

Pablo es hecho preso Filipo y librado de forma milagrosa, pero no escapa nadie de la cárcel, al ver esto, el carcelero tuvo un cambio de conducta radical. El relato nos muestra de inmediato las consecuencias personales y sociales de su decisión por Cristo. Hay una transformación de actitud que lo insta a obrar. También él y toda su casa son afectados por el evangelio de Cristo predicado por Pablo. La prueba de la conversión del carcelero fue su conducta sorprendente, pues este lavo las heridas de los prisioneros Pablo y Silas, a altas horas de la noche.[19] Cuando creemos, aceptamos y reconocemos la sangre preciosa de Cristo, tenemos la oportunidad de merecer su salvación. El carcelero no solo creyó en Cristo sino que obro como lo hubiera hecho él.

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El pecador sólo puede ser justificado mediante la fe en la expiación efectuada por el amado Hijo de Dios, que se convirtió en un sacrificio por los pecados del mundo culpable. Nadie puede ser justificado por ninguna clase de obras propias. Puede ser liberado de la culpabilidad del pecado, de la condenación de la ley, del castigo de la transgresión sólo por virtud de los sufrimientos, muerte y resurrección de Cristo.[20]

Bibliografía

[1] LBLA, Índice de Tópicos. ed. La Habra (CA: Foundation Publications, 2000), véase “salvación”.

[2] Josué K. Ogawa, “Afirma Tus Bases Antes De Salir”, Trabajando Tu Llamado A Las Naciones, ed. Jonatán P. Lewis (Miami, Fl. EE.UU.: Editorial Unilit, 1995). 101.

[3] Francisco Lacueva, Diccionario Teológico Ilustrado, 1. ed. española (Tarrasa, Barcelona: Clie, 2001), 529.

[4] W.E Vine, Diccionario Expositivo De Palabras Del Antiguo Y Del Nuevo Testamento Exhaustivo (Nashville: Editorial Caribe, 2000), véase: “salvación”.

[5] Antolín Diestre Gil, La seguridad de la salvación y la protección divina (Zaragoza España: ONG Comisión Teológica servir y salud, 2013), 77.

[6] Pablo Alberto Deiros, Diccionario Hispano Americano De La Misión (Casilla, Argentina: COMIBAM Internacional, 1997), véase: “salvación”.

[7] Elena de White, Joya a los testimonios (Miami FL: Asociación Publicadora Interamericana, 1971), 217.

[8] Rolando Gutiérrez Cortez, La Doctrina de la salvación (Tennessee: Convention Press 1993), 22.

[9] J. Oliver Buswell, Teología Sistemática, Tomo 3, Jesucristo Y El Plan De Salvación (Miami, Fl: LOGOI, 1983), 596.

[10] Gerhard Pfandl, Textos Bíblicos Controversiales (EEUU: Asociación Publicadora Interamericana, 2013), 400.

[11] Gutiérrez, 39.

[12] M. H. Manser, Diccionario De Temas Bíblicos, ed. Guillermo Powell (Bellingham: Software Bíblico Logos, 2012).

[13] Justo L. González, Historia Del Cristianismo: Tomo 2 (Miami, Fla.: Editorial Unilit, 2003), 36.

[14] Creencias Fundamentales de los Adventistas del Séptimo Día, cap. 10, sección 3.

[15] Comentario Bíblico Adventista tomo 6, 1006.

[16] G. Ernesto Johnson, Gálatas: La Epístola De La Cruz Y El Espíritu Santo (Edinburg, TX: Editorial Rio Grande, 2012), 35.

[17] Juan Carlos Cevallos, Comentario Bíblico Mundo Hispano Tomo 23: Hebreos, Santiago, 1 Y 2 Pedro, Judas (El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano, 2006), 226.

[18] Rafael Porter, Estudios Bı́blicos ELA: Una Vida Distinta, Tito (Puebla, México: Ediciones Las Américas, A. C., 1986), 92.

[19] Matthew C. Williams, Teología de Lucas (Guatemala: Revista del Seminario Teológico Centroamericano, 2005), 104-05.

[20] Elena de White, Mensaje Selecto, Vol. I (Estados Unidos: Asociación Publicadora Interamericana, 1966), 456.

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